Una deuda pública real y que crece

5 julio, 2014

 Jorge Lanata

Jorge Lanata

Jorge Lanata

Todo el kirchnerismo y sus vecinos se sintieron en la obligación de responder al programa de Periodismo para Todos sobre la deuda pública. Hasta desde la agencia oficial Télam se transmitió una columna titulada: ”Por un Nobel en economía para Jorge Lanata”, firmada por el ex inspector de la DGI Ricardo Rotsztein. Incluso Marcelo Zlotogwiazda, en la revista Veintitres, calificó al informe de “errado y malicioso” (es curioso como, quienes pretenden estar “en el medio” en la pelea entre el gobierno y Clarín, siempre terminan ubicados en el mismo lado. Quienes se adjudican el equilibrio del “medio” trabajan para el empresario ultraoficialista Sergio Spolsky, con lo que se ubican en un medio un poco inclinado. Reynaldo Seissietecase sería otro ejemplo). El Gobierno plantea que debe diferenciarse la deuda con organismos públicos de la deuda con acreedores privados y organismos multilaterales de crédito, porque esta última debe cancelarse en dólares y la otra

El vicepresidente preocupado

El vicepresidente preocupado

puede cancelarse en pesos. “Son pasivos que se pueden refinanciar con sólo decisión política”, dice Zlotogwiazda. Nadie se imagina en el kirchnerismo al titular del Banco Central iniciando acciones legales para que el Tesoro le devuelva parte de las reservas; lo más parecido fue cuando Martín Redrado se negó a ceder reservas para el uso del Tesoro y fue corrido de su puesto. Así concebido el futuro de la deuda pública, los jubilados cobrarán con bonos con la cara del inspector Rotsztein al año 3025. Para el diccionario, deuda es “toda obligación que alguien tiene que pagar, satisfacer o reintegrar a otro, por lo común dinero”. La deuda pública es alta o baja según la capacidad de pago del país en cuestión. Y esa capacidad de pago depende del monto absoluto de la deuda, del calendario de vencimiento de intereses y capital, del nivel de las reservas, del crédito interno y externo, de los dólares que podrían obtenerse del comercio exterior y de la evolución de las cuentas públicas. Con su inveterada intención de confundir, el kirchnerismo repite, zombie, que la deuda es de apenas el 17,9 % del Producto Bruto Interno (PBI) y se conmueve al recordar que cuando el país entró en default AN (Antes de Néstor) era del 136% . El problema es que el pago o refinanciación de la deuda no depende del tamaño del PBI, sino de los dólares o el crédito para afrontar los vencimientos de intereses o de capital, y hoy la Argentina no tiene ni lo uno ni lo otro para pagar ni siquiera los intereses de la deuda.

El Banco Central tiene hoy un deterioro patrimonial elevadísimo porque el 70% de sus activos son papelitos de un gobierno que acumula en los últimos cinco años un déficit fiscal creciente. A la vez, el ingreso de dólares frescos del comercio exterior y de los servicios está en cero o es negativo, el país no tiene crédito voluntario ni interno ni externo y podría recibir algo, pero a tasas prohibitivas. El Estado tiene déficit corriente –déficit fiscal– y tiene que colocar deuda en pesos o recibir pesos del Central para afrontar el déficit,porque el gasto público excede a los ingresos.

“Decir que hay desendeudamiento sin contemplar que están destruyendo el sistema previsional y las reservas del Central para pagar a los acreedores externos es una falacia. La deuda con organismos públicos también deteriora la economía y no se puede negar que existe”, le dice el diputado Claudio Lozano a Clarín. “Si bien no es cierto afirmar que toda la deuda es igual, la deuda pública asciende hoy a 250.000 millones. Hay un montón de deuda que creció porque hubo un cambio en la composición de los acreedores.

Juez de los Fondos Buitres

Juez de los Fondos Buitres

Y a partir del 2013 el Gobierno entendió que la caja del Banco Central y de la ANSeS ya no alcanza para cubrir los vencimientos de deuda. Por eso acordó con Repsol y el Club de París, para volver a endeudarse afuera. Desde junio de 2014 hasta fines de 2015, gracias a estos acuerdos, se incrementaron en un 27% los compromisos en dólares: 378 millones adicionales a los ya previstos. Volvemos a la situación inicial, y el país necesita créditos externos para financiarse”, sintetiza Lozano. Alfonso Prat Gay coincide en el punto de vista: “Esto tiene un vicio de arranque, dice. Ese concepto de que sólo pagás lo que no podés refinanciar presume que entonces nunca vas a pagar lo otro. Eso es parte de cómo el Gobierno ha logrado instalar un concepto que es exactamente al revés: como ellos no hicieron las cosas bien, no consiguen financiamiento externo.

El 65% del activo del Banco Central es deuda del Tesoro, y eso equivale a cinco veces el patrimonio neto del Banco.

Si te pasás toda la vida refinanciando con el Banco Central, rifás el Banco. Si el Gobierno no cancela la deuda ya contraída le deja un saldo negativo de 440.000 millones de pesos a la entidad que respalda la moneda”, advierte Prat Gay. Lo de pagar la deuda con los jubilados no necesita de ningún argumento aparte. El desendeudamiento que desafina el coro oficial es mentira: la deuda pública subió de 126.500 millones después del canje de 2005, a 250.000 millones en la actualidad, después del acuerdo con Repsol, el Club de París, el Ciadi y cupon PBI. No se están incluyendo aquí a los holdouts ni a las eventuales consecuencias de un desacuerdo. El periodista especializado Ismael Bermúdez detalla el calendario de vencimientos en dólares, que no pueden imprimirse en Ciccone : “De aquí a fin de año hay vencimientos por

La verdad de Mafalda

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10.000 millones, y en 2015 por otros 19.000 millones de dólares. Con préstamos del Banco Central, Banco Nación, ANSeS y organismos internacionales queda un bache de 6.000 millones en lo que resta de 2014 y otros 17.000 millones en 2015. Entre 2016 y 2019 vencen otros 70.000 millones de dólares. Las reservas propias suman unos 20.000 millones, lo que impide seguir apelando a este mecanismo de financiación”.

nuevo medio

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Investigación: JL/María Eugenia Duffard/Marcela Pagano