PODER, JUSTICIA Y DROGAS – EL LIBRO OCULTO DEL COMISARIO GENERAL D. LUIS GALANZINO

23 febrero, 2016

PODER, JUSTICIA Y DROGAS – EL LIBRO OCULTO DEL COMISARIO GENERAL

 

D. LUIS GALANZINO  - segunda entrega

Edición del Autor

 20-02-2016

PROLOGO

Palabras desde el umbral

Abordar la prosa rispida y valiente de Luis Galanzino es adentrarse en los secretos no ocultos de una impiadosa trama que desborda cualquier imaginación.

Cabe la aclaración de términos aparentemente contradictorios: “secretos” aparece contradiciendo la afirmación de que estos son “no ocultos” y sin embargo, el relato desgranado por este policía profundamente humano y pro-fesional, muestra que la impunidad de la que parecen gozar determinados personeros del poder avasalla la cautela que merecen los actos impuros y que, por la extremada confianza que tienen en la eficacia de la trama que tejieron, son capaces de mostrarse tal cual son sin conciencia de lo reprochable de sus conductas y sin necesitar del disimulo.

Es la sublimación de la impunidad.

Comisario General D. Luis Galanzino

Comisario General
D. Luis Galanzino

Sin pudor, el poder político se muestra en este libro descamado de humani-dad y saturado de pasiones. La persona, sujeto de derecho y de respeto, se desvanece en el libro transformada en objeto y la justicia aparece diluida en la oportunidad y la conveniencia; deja por ello de serlo y la sociedad se degrada.

Desde las primera páginas el lector sospecha que ingresa a un mundo que no le es totalmente desconocido. Cualquier ciudadano común ha experimentado alguna vez la corrupción del mundo de la política, producto de la renun¬cia al ejercicio de los valores y de la inversión del concepto de servicio que debería impregnar la más noble actividad del hombre. Quizá hasta haya sufri¬do por ello.

Tal universo, que merece ser reprochado y perfeccionado para bien de todos, es puesto en evidencia en este libro que nada esconde y que incluso se aventura peligrosamente en la valiente calificación de conductas hasta orillar el riesgo de la querella, que el autor sostiene enfrentará con nuevas pruebas y “a lo cana” si lo que le toca es el arresto.

Porque Luis Galanzino ha superado la etapa de víctima para transformarse en acusador y no lo hace a título de la reivindicación personal sino que asume para sí la inmisericorde condición en que viven muchos policías que se sienten abatidos y desesperanzados por una estrategia de mercado que nada les reco¬noce de su valía y del eminente lugar que ocupan en la sociedad. Justamente por defender a subordinados comienza su calvario

Para el delincuente nada hay mejor que un poder complaciente y una policía devaluada y agobiada por culpas ajenas. Para la sociedad, nada peor puede esperarse que una fuerza policial desarmada moral, psicológica y logísticamente. Es que, ante la claudicación del espíritu social -que siempre empieza por la cabeza- las instituciones más disciplinadas se constituyen natu-ralmente en reservas morales. Si estas son violentadas y minimizadas, ¿qué queda? ¿Cuál es el resto de la sociedad?

Uno de los más importantes atributos del que puede gozar un cuerpo social es el orden. Sin él no existen el respeto, el equilibrio, la libertad, la dignidad. Una comunidad organizada es aquella en la cual los límites no son accesorios sino esenciales, en la cual cada uno ocupa su lugar según su capacidad, apti¬tud, vocación y potencias. Carismas los llamó Pablo, el de Tarso, puestos al servicio de todos, miembros de un cuerpo que marcha hacia su conclusión.

Con orden es posible la solidaridad, dentro del orden hay justicia, en el desorden no es posible el amor ni reconocerse en el otro. El desorden es el principio de lo injusto y de la indefensión ante lo indigno. De allí provienen el delito y la impunidad.

Y cuando comenzamos a transitar ese camino, en cualquier momento sucede lo peor: sobre la comunidad se abate el flagelo de la droga, madre de tantas otras conductas delincuenciales. Corresponde al gobernante generar políticas de estado y de gobierno capaces de detener esa infamia. El Poder Judicial y la policía son los instrumentos hábiles para hacerlo. ¿Con qué los sustituiremos si están degradados?

Cuando a los ciudadanos se los ataca, cuando la inseguridad se adueña de las calles, cuando la inmoralidad es el pan cotidiano, ¿’qué herramienta usare¬mos para devolvernos el imperio de la justicia y reponer la paz y la concordia?

Cuando las instituciones republicanas son objeto de escarnio, ¿qué ideologías antidemocráticas propondrán otras de recambio? ¿Es el bien común el sujeto de estas políticas? ¿Es la Nación justa, libre y soberana que se declama el objetivo a alcanzar?

Lamentablemente para todos, la Argentina está transitando una de sus horas más dramáticas, las de mayores y más profundos desencuentros y este es el resultado del intento descarado de instalar la cultura del odio y de la muerte y de destruir lo existente para utilizar los escombros en la reconstrucción. Duele y asusta advertir en variados estamentos de los gobiernos un profundo sentimiento de revancha que impide que los argentinos se reconozcan como hermanos.

Él valor de esta obra que presenta Luis Galanzino no es exactamente el literario, el Comisario General Luis Galanzino no es un escritor de oficio, es un policía y un testigo que no miente aunque le cueste.

3-blanco-y-negro-2-280x300Que me haya elegido para escribir las palabras desde el umbral de su testimonio me enorgullece y exalta porque quien lo ha hecho es un modelo de policía y de jefe, respetado por quienes fueron sus subordinados y temido por sus enemigos, los delincuentes, provengan de donde provengan, sea de la marginación o de los privilegios del poder. Hacerlo, es cumplir con el pedido de un hombre honorable y a la vez, honrar y homenajear a la Policía de la Provin¬cia de Santa Fe, orgullo de la Invencible.

 

 

Juan Carlos Sánchez Periodista y Escritor

Editor del sitio Web:  www.politicaydesarrollo.com.ar